Soy ilustrador… ¿Y ahora qué?

Antes de comenzar a indagar en el maravilloso mundo de las ilustraciones, lo primero que debemos preguntarnos es: ¿Qué es un ilustrador? Al igual que un carpintero o un escultor, un ilustrador es aquel que crea arte a partir de una floreciente y diminuta idea implantada en su imaginación.

Ilustrador buscando la pieza que complete el puzzle
Soy ilustrador… ¿Y ahora qué?

El trabajo del ilustrador

El trabajo de ilustrador se encuentra a medio camino entre la creación propia artística y su oficio. Mientras que un artista crea para sí, el ilustrador ha de encontrar el equilibrio entre su arte y la adaptación al medio en el que trabaja, o en la tarea que se le exige. Eso no le quita, por supuesto, ningún mérito a sus obras, ya que aunque se han de mantener en el medio justo, en muchas ocasiones las ilustraciones son verdaderas obras de arte.

En su versión original, el propio Antoine de Saint-Exupéry autor ilustró la obra universal El Principito.

El trabajo de los ilustradores es representar visualmente un texto, una idea o un objeto concreto. Aunque la obra no tiene que ser siempre una creación literaria; las ilustraciones también están representadas en tarjetas de cumpleaños, campañas publicitarias o discos de música. De todas formas, el objetivo principal del ilustrador es crear material gráfico que ayude a entender visualmente otro tipo de soporte con el que vaya acompañado.

¿Qué hace falta para ser ilustrador?

Al igual que en cualquier otro trabajo artístico, para ser ilustrador es necesario tener imaginación y entender a la perfección el concepto que se desee representar. Por tanto, sus principales herramientas serán, por un lado, la imaginación y, por otro lado, el cerebro. Sin embargo, ser ilustrador supone manejar otros muchos instrumentos más:

¿Cómo es el proceso de creación de ilustraciones?

Crear ilustraciones no es solo -y esta sería la idea general de la sociedad sobre qué es un ilustrador- dibujar algo; ni mucho menos. Una ilustración requiere de mucho tiempo para que quede perfecta y sea adecuada. El trabajo de un ilustrador no se centra solo en representar, por ejemplo, el amor de manera artística, sino que esta idea tan compleja ha de ser representada teniendo muy en cuenta el público al que vaya a estar dirigida, entre otras cosas. No es lo mismo un público joven (ilustraciones infantiles para niños) o uno más adulto, al igual que no es lo mismo que se vaya a encontrar en una obra educativa o en un disco, o que se vaya a usar una técnica u otra. Todo se tiene que calcular al milímetro, ya que obviar alguno de estos puntos supone arriesgarse a crear una ilustración inadecuada. Y, recordemos, una ilustración inadecuada, es una ilustración descartada por el comprador.

Ilustrar es un trabajo arduo, pero también reconfortante. Aquel que se quiera dedicar a ilustrar se va a lanzar a una aventura incomparable: va a encontrar muchos obstáculos por el camino, muchas críticas y muchos rechazos. Pero toda aventura también trae consigo sus recompensas, y no sólo hablamos de las económicas. La satisfacción de haber creado una obra a partir de esfuerzo y la dedicación vale mucho la pena, sobre todo si se ama el oficio.

 

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